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Por JUAN JIMÉNEZ OYONARTE
El Síndrome de West se denomina también de los Espasmos Infantiles y
pertenece al grupo de lo que se llaman “Encefalopatías epilépticas
catastróficas”. Los espasmos infantiles son un tipo especial de
ataque epiléptico, que afectan fundamentalmente a niños menores de
un año.
Se ha observado curación completa en los casos de causa desconocida
(idiopáticos) y en los demás las secuelas neurológicas y
psicomotrices son severas. Los niños, desgraciadamente, tienen mal
pronóstico ya que muchos de ellos presentan crisis no controladas y
retraso mental.
Los niños afectados por Síndrome de West presentan muy diferentes
discapacidades, en función del origen de los espasmos. Lo que sí
tienen en común la mayor parte de ellos son los siguientes
trastornos:
·
espectro autista (nada menos que un 30% de los afectados)
·
desconexión con el medio
·
déficit de atención
·
hiperactividad
·
ensimismamiento
·
movimientos estereotipados
·
problemas de lenguaje y comunicación
La Terapia con Perros se ha incorporado al panorama terapéutico de
los miembros de la Fundación como un “complemento” a otras muchas de
notable éxito, como son: hipoterapia, musicoterapia... Como sucede
con casi todas, no son la panacea, sino el vehículo para llegar
hasta el niño para
conseguir cosas que de otro modo sería muy traumático o invasivo.
Con el perro se consigue crear un ambiente favorable en el que el
niño se siente confiado.
Para definir mas exactamente el trabajo que llevamos a cabo en
Partimos de una visión global
“Psico-Afectiva-Motriz”
siendo esta consideración lo que caracteriza el abordaje y las
técnicas utilizadas en todas las sesiones de
“Psicomotricidad” y, por
tanto, en las nuestras.
Para explicar el carácter y la orientación de nuestro trabajo
dividiremos dichas sesiones en dos partes:
1.
Psicomotricidad Directiva:
Aquí el fin es prevenir y rehabilitar distintos aspectos del
desarrollo psicomotor, a través de las pautas que establece el
terapeuta.
·
Control tónico postural y Equilibrio.
·
Esquema corporal.
·
Coordinación global y viso-motora.
·
Lateralidad.
·
Orientación espacial.
·
Estructuración espacio-temporal.
·
Procesos cognitivos: atención, memoria, razonamiento y percepción
(auditiva, visual y táctil).
·
Procesos de simbolización: Juego simbólico ( hacer como si…), a
través del cuál el niño progresará en el
“Lenguaje”.
2.
Psicomotricidad Relacional:
Aquí
las propuestas y demandas parten del niño y del perro y, por tanto,
la base de la intervención va a ser
“la comunicación, la relación y el afecto”.
Las actividades que llevamos a cabo abarcan al niño en su
globalidad, tanto física como cognitivamente, para ello actuamos
según las capacidades de cada niño, por tanto comenzaríamos con
saludar a la perrita, seguidamente le quitaran el collar y el
chaleco para comenzar el cepillado, con el saludo estaremos tratando
la parte relacional del niño cuando esta estuviere afectada y al
quitarle el collar y el chaleco estaremos tratando la motricidad
fina, mas concretamente la pinza bidigital, además de la
coordinación oculo-manual, el esquema corporal o la lateralización.
A través del ejercicio de obediencia “quieto”, podemos trabajar el
control postural y el equilibrio, dejando quieta a la perrita e
incitando y ayudando a andar a aquel niño que aun no haya adquirido
dicha capacidad Psicomotriz, gracias al estimulo que produce la
perrita, conseguimos la motivación suficiente en el niño para la
ejecución del ejercicio, este puede acercarse andando con o sin
ayuda, o incluso gateando hasta llegar hasta ella y abrazarla,
tocarla o ¡hasta pasar por encima!
Otro ejercicio que también pienso que es fundamental en la
realización de las sesiones es el “cobro”, gracias al instinto del
Golden Retriever “perro de cobro” y a un poco de adiestramiento por
mi parte enseñamos rápida y eficazmente a que la perrita coja todo
aquello que nosotros le pidamos, con lo cual se nos abre un amplio
abanico de posibilidades a la hora de diseñar ejercicios, ya que a
través del cual el terapeuta podrá trabajar aspectos como los
colores, las formas, números, palabras, secuencias, simbolización,
etc. Además de aspectos físicos como la prensión manual,
manipulación o motricidad gruesa y el tacto o discriminación táctil,
entre otras muchas cosas.
Además solemos dar paseos por la calle, donde familiarizamos a los
niños con el entorno, enseñamos normas viales como cruzar por un
paso de peatones, pasar cuando esta en verde, ir y volver del
parque, comprar el pan o una bolsa de ganchitos en el kiosco, con lo
cual trabajamos la orientación espacial, la estructuración
espacio-temporal y como no la mejora de relaciones y habilidades
sociales.
Otra modalidad de ejercicio es aquel en el que dejo al niño y a la
perrita respectivamente a su aire, donde hacen lo que quieren, sin
ninguna directriz salvo la que sale de ellos mismos. Esta es la
parte que junto al ritual del saludo y despedida, llamamos
Psicomotricidad Relacional.
Y por ultimo señalar que todos estos ejercicios llevan implícitos,
directa o indirectamente, la realización por parte del niño de
procesos cognitivos anteriormente citados como la atención, la
percepción, el razonamiento o la memoria.
El fin último de nuestras sesiones de “Terapia y Reeducación
Psicomotriz” es conseguir la mayor
autonomía posible para
el niño en su vida. Esto se intenta alcanzar a través de la
realización de un estudio individualizado de cada niño y un plan de
actuación coordinado con los demás profesionales de la salud, de
cara a que –a medio o largo plazo– el afectado por el Síndrome de
West sea lo mas
independiente posible en las actividades de la vida diaria,
tanto básicas como instrumentales. |
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